March 2005


En una serie de artículos de los que este es el primero, voy a tratar de enumerar “los peligros ocultos de la Red”. Los llamo “ocultos” porque reciben poca atención de los medios de comunicación y las autoridades, comparados con otros “peligros” (como puedan ser los virus, el spam, las estafas, etc), pero no por ello son menos dañinos.

Me gustaría empezar esta serie con un peligro que en los EEUU es toda una realidad desde hace años y en España no parece ser muy común (o carezco de datos para pensar que lo es): el Robo de Identidad.

El Robo de Identidad consiste en hacerse pasar por otra persona. Es relativamente sencillo de perpetrar (aunque en EEUU lo es todavía más, y quizá eso explique que que allí ocurra mucho más a menudo), pero está muy poco penado. Esta desproporción entre crimen y castigo es la que lo convierte en un peligro con una tasa de crecimiento potencial elevadísima. Para hacernos una idea: según el International Herald Tribune, en EEUU, en los últimos 10 años, ha habido más de 27 millones de casos, y sólo en el año 2002 hubo más de 10 millones de casos. Actualmente este crimen crece a razón de un 79% anual.

El daño que causa a las víctimas es enorme (en el año 2002, en EEUU, el robo de Identidad costó a las empresas 48 mil millones de dólares, y a las víctimas particulares 5 mil millones, además de 300 millones de horas para subsanar los daños). La película “La Red”, dirigida por Irwin Wingler e interpretada por Sandra Bullock, nos muestra un caso que, aunque burdo a nivel tecnológico, es muy realista en cuanto al daño que puede causar a la víctima.

Por desgracia, este tipo de crimen (que es realmente odioso, dañino y peligroso) está penado en EEUU con un año de prisión. Sin embargo, vender copias ilegales de programas puede conllevar 6 años de prisión, y el acceso no autorizado a una red informática federal (aunque no se cause ningún daño) puede conllevar la cadena perpetua. Esta obvia desproporción demuestra que las leyes no están hechas para proteger a los ciudadanos, sino para servir a los intereses de las empresas y el gobierno.

Si a esto le añadimos la facilidad con la que se puede perpetrar este crimen, tenemos un cocktail realmente peligroso. Esta facilidad viene dada por dos motivos que requieren un análisis por separado. El primero es la Abstracción (a la que me referí en mi primer artículo para esta revista). Los bancos, la Administración, los hospitales, las empresas de telefonía, seguros, energía, guías telefónicas, extranets empresariales, etc, para reducir gastos, comprobar el nivel crediticio del cliente, prevenir estafas, y dar un servicio más cómodo, constantemente retienen y cruzan nuestros datos (lo cual puede conllevar un peligro en sí mismo que ya analizaré en un posterior artículo de esta serie). Esto automatiza varios procesos, lo cual permite a una persona, por ejemplo, que teniendo ciertos datos de otra (como el número de DNI, la fecha de nacimiento, y el número de teléfono) se haga pasar por esta empadronándose, solicitando copia de documentos o de tarjetas de crédito, accediendo a servicios online y modificando datos, etc, etc. Así que lo primero que debemos de hacer es comprobar quién tiene nuestros datos, a quién se los damos, y qué uso se hace de ellos. Debemos ser más celosos de nuestra intimidad y nuestra privacidad, sobretodo online.

El segundo motivo para la sencillez con que se puede perpetrar este crimen es la basura de datos. A causa de las cachés, los proxies, las cookies, y todas esas tecnologías que “guardan” información (para hacer la navegación más rápida, o para que no tengamos que recordar muchas contraseñas), cada vez hay más y más redundancia de nuestros datos. Están por todas partes, y claro, al final se filtran a “sistemas abiertos” que son accesibles mediante herramientas sencillas como pueda ser Google. Ya no es necesario ser un experto en Spoofing y en Sniffing para poder acceder y almacenar los datos de alguien. Ahora están por todas partes. Casi descontrolados. Así que la otra cosa que debemos hacer es exigir responsabilidad y control a las empresas y entidades que manejan nuestros datos.

Pero al final, la mejor solución es la de toda la vida: estar al tanto a cualquier movimiento extraño de nuestras cuentas (sean de correo, bancarias, o lo que sea), o cualquier comunicación anómala de nuestra empresa de seguros, o del concesionario de coches, etc, e investigar ante el más mínimo indicio, pues si el Robo de Identidad se detecta pronto, el daño es mucho menor.

tira es.comp.os.linux

Son dos cosas bien distintas la creación y la producción. Pero nadie discutirá que el proceso de producción afecta a la propia creación. Por ejemplo, un intérprete musical se siente más “inspirado” si toca su pieza con un Stradivarius o un Steinberg que si lo hace con una cucharilla y un vaso de cristal. Pese a que la obra sea “la misma”.

Con las herramientas digitales de producción, este efecto es mucho más acusado. ¿Quién no se ha dado cuenta de la influencia de los “filtros Photoshop” sobre las corrientes gráficas de vanguardia, o la de los últimos efectos de sonido sobre las tendencias musicales?

Así pues, con un equipo profesional se puede convertir a “cualquiera” en una super estrella (sea del diseño gráfico, la música, el vídeo, o el arte digitalizable que sea). Otra cosa es que su obra “valga” (no entraré aquí en valoraciones subjetivas sobre el valor de la creación). Estoy seguro que no necesito citar nombres para que todos pensemos en el “duo de adolescentes de moda”, o en “el cuarteto de chicas guapas que bailan, y de paso cantan, del momento”.

Pero esto, que hasta hace poco, sólo estaba al alcance de los que tenían la “suerte” de “ser descubiertos” (o más bien, de aquellos dispuestos de vender su alma al diablo), ahora está al alcance de casi todo el mundo.

Un ejemplo espectacular es el paquete de aplicaciones informáticas iLife de Apple Computer. Este paquete se incluye gratuitamente con cada ordenador Apple Macintosh que se vende (Mos Wallberg zzzz en el Wall Street Journal aseguró que esto era motivo suficiente como para comprarse uno de estos magníficos ordenadores). También se encuentra a la venta por 60 Euros zzzzz.

En el iLife podemos encontrar varias aplicaciones (existen aplicaciones “similares” (aunque no tan avanzadas ni sencillas de usar) para Linux y para Windows):

- iPhoto. Básicamente es un organizador de imágenes. Bueno, pero no enfocado a la creación.
- iMovie. Un programa de edición de vídeo realmente sencillo de usar. Con un poco de gusto (a nivel de montaje, transiciones, etc), un buen metraje (con una cámara de vídeo digital), y un guión, tenemos una película. Si se quiere dar un salto a herramientas más “profesionales” (con más posibilidades, pero también más caras y difíciles de usar), tenemos el Final Cut Express y el Final Cut Pro.
- iDVD. Permite la creación de DVDs, con sus menús interactivos, inclusión de archivos, fotografías, capítulos, etc. Es muy sencillo de usar y produce unos resultados espectaculares. También tiene un “hermano mayor” en el DVD Pro.
- GarageBand. Esta es la aplicación más increíble. Tremendamente fácil de usar, nos permite crear composiciones musicales en minutos sea cual sea nuestro conocimiento de música. Basado en bucles (trozos de música organizados por temas, de libre uso), el programa es lo suficientemente avanzado como para que con un simple arrastrar y soltar “encaje” esos bucles (tono, tempo, etc), para que suenen realmente bien. Si añadimos un teclado USB, tenemos todo lo que necesitamos para crear música de nivel. Por supuesto, para los más exigentes están Logic, o Reason.

A parte de la música o el vídeo podemos enfocar nuestros impulsos creativos a áreas tan interesantes como la pintura (merece la pena probar Painter), la mezcla musical (para DJs hay muchos programas interesantes, tantos que no me atrevo a decir “Traktor es mejor que …”), la escultura (empleando primero una aplicación de 3D para ver cómo podría quedar nuestra obra, o la escritura (¿quién no ha usado alguna vez un procesador de textos?).

Lo importante no es qué aplicación usas (pese a que ya hemos visto que puede influir en el resultado final notablemente) sino que te atrevas. Por muy poco dinero tienes a tu alcance herramientas que te permitirán dar rienda suelta a tu imaginación, liberándote de la dependencia cultural (cuyo “mercado” está controlado por grandes multinacionales). Prueba el autocultivo cultural. Te gustará. Atrévete (y como colofón, una vez hayas creado una obra, sea maestra o no, ¿qué tal compartirla libremente con los demás? Si lo hace verás qué bien te sientes, y ¿quién sabe dónde terminará? Tu creación no tendrá límites).

Básicamente esto le permite (all rights reversed):

Copiar, reproducir, distribuir, mostrar públicamente y modificar mis obras, sin límite (incluyendo el ánimo de lucro sin mi consentimiento), recordando los derechos morales inalienables del autor (o sea que se debe citar al autor -yo-, y no se puede emplear ninguna de mis obras en modo que resulte ofensivo... lo cual es muy subjetivo ;-).

Public Domain Dedication
Esta obra se encuentra en el Dominio Público.

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