Arí­culos PC&I


Como muchos sabéis, llevo colaborando con la revista Personal Computer & Internet (PC&I) desde hace más de un año. Ha sido una maravillosa relación: me han dado libertad total y absoluta, me han apoyado, los pagos han sido religiosamente puntuales (y siempre me comentaban que era el colaborador mejor pagado por palabra de la revista), y la idea de mi columna junto con la viñeta ECOL del genial Javier Malonda me ha resultado una de las experiencias creativas más gratas de mi vida.
Pero hace un mes recibí un email del editor de PC&I , en el que me decía, muy escuetamente, que se iban a realizar unos cambios en la revista, y que no seguirían necesitando de mi colaboración (aunque me comentaba que contaban conmigo para un proyecto futuro).
He esperado un mes, a que saliese el siguiente número de la revista, para comprobar en qué consistían dichos cambios (¿nuevo columnista, reducción de páginas, cambio de temática…?), y sobretodo qué se decía sobre los mismos en la propia revista.

Para mi sorpresa, no se dice NADA de dichos cambios, que aunque sutiles, son significativos:

a) No contestan a las cartas en la propia revista, como hacían antes.

b) Desaparece la columna de opinión.

O sea, que la revista pasa a ser una revista técnica, no posicionada, y sobretodo evita cualquier tipo de polémica, personalismo… McPC&I, vamos.

Que nadie me malinterprete, sigue siendo una revista excepcionalmente interesante y muy muy profesionalmente realizada. Pero me preocupa lo que hay detrás de dichos cambios.

Hace no mucho, la editorial multinacional alemana Axel&Springer (una de las más grandes del mundo) compró la revista. Lo primero que hizo fue enviar un contrato a todos los colaboradores. El contrato era “estándar”, y todos lo firmaron… menos yo. El motivo es que incluía una cláusula por la que exigían el copyright exclusivo sobre la colaboración. No hay nada particularmente malo en ello por su parte,
pues el lo “estándar” y todo el mundo lo acepta… pero los que nos cuestionamos el sistema, el status quo, y la “normalildad” no lo vemos igual.

El editor español de la revista apoyó mi decisión, y me dijo que no pasaría nada. Y así fue durante un par de meses.

Tampoco pasó nada porque en un artículo atacase las tácticas de Telefónica (uno de sus principales anunciantes) y más frecuentemente las de Micro$oft (otro gran anunciante).

Quizá en realidad sí que pasó algo. Quizá simplemente quieran estandarizar sus publicaciones, y hacerlas más fácilmente digeribles por el mayor número de lectores posible. Lo que está claro es que la apuesta por la asepsia y el anonimato es incompatible con la identidad,
o con la búsqueda de algo más que no sea el vacuo entretenimiento y la peligrosa búsqueda del beneficio económico como único objetivo.

Lo dicho, adiós PC&I (aunque no haya habido despedida). Ha sido MUY GRATO colaborar con vosotros y estoy muy orgulloso de haberlo hecho. Ahora habéis elegido (u os imponen) un camino, que no es el mío. Suerte.

[Por cierto, autor busca publicación en la que expresar sus incendiarias opiniones ;-P]

El verano es una estación ideal para relajarse. Pese a que escribo este artículo en julio, intento pensar en mis queridos lectores, muchos de los cuales estarán (espero) disfrutando de sus estivales vacaciones. Y me pregunto ¿serán de los que al tener tiempo para relajarse, se dan a la gimnasia mental? ¿o por el contrario preferirán “desconectar” (incluyendo en la expresión a sus neuronas)?

Este artículo lo escribo para los primeros. Los segundos… ¿qué hacen leyendo esta revista? ¡A la playa, a jugar con vuestros hijos, que también es maravilloso y edificante! (Ahora, al que pille plantándose delante del receptor de TV, lo castigo a leer notas de prensa de las sociedades de gestión y patronales de la industria hasta que se las crean: o sea, que se quedan sin castigo).

¿Qué es la Netocracia? ¿y la Meritocracia? ¿y por qué es necesario dedicarle tiempo y esfuerzo extra a la comprensión de estos conceptos? Os intentaré explicar lo que aprendí gracias a los excelentes e interesantísimos artículos del profesor David de Ugarte.

Básicamente, la Netocracia es esa forma de organización “social” idílica que los que defienden la democracia representativa por sufragio como “la menos mala” de las alternativas, creen que no existe.

La Netocracia se basa en la Plurarquía y en la Lógica de la Abundancia.

La Plurarquía (término acuñado por el tecnólogo sueco Alexander Bard) define el sistema de decisión en una red social distribuída, en la que todos deciden por sí mismos, pero no por los demás, y donde la decisión no es binaria o polarizada (”sí o no”), sino que admite matices.

La Plurarquía es posible en las redes sociales distribuídas, porque en ellas impera la Lógica de la Abundancia.

La Lógica de la Abundancia (concepto introducido por Juan de Urrutia en su libro “Economía en porciones”) aparece cuando la estructura de producción y costes vuelve innecesario dirimir colectivamente -via mercado o decisión autoritaria o democrática- qué se produce y qué no. Es la eterna promesa de la Red de Redes: la desaparición de la escasez, y todo lo que ello conlleva.

En principio los autores anteriormente reseñados sólo se atreven a aplicarlo a la “Economía de la información”, “el conocimiento”, etc. Esto es ya de por sí muy interesante, pues conlleva la imperiosa necesidad de garantizar la libertad del conocimiento, la información y la cultura en contra de las restricciones pro-mercantilistas basadas en la artificiosa escasez de los modelos de mercado actuales. Pero no acaban ahí sus posibilidades de aplicación.
La Lógica de la Abundancia nos permite la Plurarquía, la cual es la base de una Netocracia que conlleve, en definitiva, la Meritocracia (la primera modelo funcional, la segunda modelo filosófico).

¿Y qué es la Meritocracia?

Es el sistema de organización social (y finalmente económico) mediante el cual la retribución, la distribución de recursos, los “incentivos”, y todo lo “asignable” pasa a serlo acorde con los méritos.

Los méritos no dejan de ser una serie de conceptos altamente subjetivos, pero por lo menos son definibles, y de un modo tal que pueden ser consensuados y cuantificados y por lo tanto valorados de un modo imparcial y justo. Como propuso Marx: “De cada cual según su capacidad y a cada cual según su necesidad”. Solo que cuando él lo propuso esto no era posible, porque los bienes eran escasos.

Por fin podemos acabar con el mal reparto de la riqueza (tome esta la forma que tome mientras sea un bien asignable) y con las desigualdades. Es el renacimiento de utopías centenarias que soñaban con la masificación de los medios de producción, el reparto del capital, y sobre todo la justa y equitativa distribución de la riqueza generada. Lo curioso es que tenían razón en todo, pero les faltaba el catalizador que hiciese posible comprender a la sociedad que tal alternativa era no sólo deseable, sino también viable, y este ha sido el acceso y la distribución de la mayor de las riquezas a las que puede aspirar el hombre: la información, la cultura, el conocimiento… el saber.

La Netocracia pone todo esto en práctica, y mucho más: generada espontáneamente por la naturaleza distribuída de la red, de su individualismo colectivo, y subversivamente fuera del alcance de controles opresores, es un nuevo modo de operar, son unas nuevas reglas que definen las interacciones y los equilibrios que ocurren en la red. Porque como los vasos comunicantes, no se provocan concentraciones, ni malos repartos causados por entidades mediadoras partidistas.

Es la verdadera libertad, y no puede estar más alejada de lo que conocemos como “Democracia”.

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Por extraño que parezca, y aunque el título haya hecho a alguien pensar lo contrario, no voy a hablar de la SGAE.

Todos conocemos el argumento, típico de las películas sobre mafiosos de barrio:
- Tendrá usted que pagarnos por nuestra protección
- ¡Pero si yo no necesito protección, vivo muy tranquilo aquí y el negocio me va bien!
- Por eso nos tendrá que pagar, para protegerle
- ¿Protegerme de qué? Para eso ya pago mis impuestos
- Protegerle de que nosotros le partamos las piernas o le incendiemos el negocio

Ese mismo abusivo y falaz argumento es el que parecen haber adoptado diversas empresas de tecnología, que olvidándose de que se deben a sus clientes, y cegados por el afán (o necesidad) de un beneficio rápido, nos “exhortan” a pagarles por sus servicios, y amenazan con males mayores si no lo hacemos.

Por un lado tenemos el increíble caso del fabricante norteamericano de ordenadores Dell.

Michael A. Righi denunció hace ahora un año que compró un ordenador Dell preinstalado con Windows. Pese a que esto debiera ser motivo suficiente de denuncia, el motivo de la misma fue que pese a que el ordenador era nuevo, al instalar el primer programa (un antivirus, como tiene que hacer cualquier usuario de Microsoft que se precie), detectó que ya tenía instalado el “My Way Assistant”, un conocido spyware que se encarga de recabar tus hábitos de navegación por la red (sin tu consentimiento) para enviarlos a un servidor central que a su vez te devuelve anuncios personalizados.

Al intentar utilizar el desinstalador del sistema recibía el mensaje de que era imposible desinstalarlo.

Tras esperar más de media hora al teléfono, soporte técnico de Dell le dijo que si quería que le indicasen cómo desinstalar el spyware que Dell había instalado de serie en su ordenador, tendría que pagar 49$ (unos 40€).

Esto es tan abusivo y salvaje como un médico que se dedicase a infectar víctimas y luego les cobrase por curarlas, un bombero que se dedicase a quemar bosques para luego cobrar por apagarlos, o una sociedad de gestión que se dedicase a cobrar canon y luego introdujese medidas de restricción de derechos (DRM) para no poder hacer las copias privadas por las que se ha pagado el canon en primer lugar (bueno, esto último es peor que el caso de Dell, el del médico o el del bombero).

Otro ejemplo de prácticas que de tan negativas y alejadas de la lógica tendrían que estar prohibidas es el de Telefónica.

carta telefónica

Una persona muy cercana a mí, cliente de Telefónica ADSL, recibió hace unos días un mensaje de correo electrónico explicándole que se habían recibido quejas de otros usuarios al haber recibido correo no solicitado que provenía de su conexión IP.

Asumió que no estaba ante un caso de IP spoofing o similar ya que Telefónica, como cualquier ISP en este país, está obligada por la LSSI-CE al colaboracionismo con las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado en casos de investigación, y por lo tanto seguro que tienen expertos en el tema y estas cosas no les pasan a ellos (sic).

Tras llegar a la conclusión de que se debía tratar de algún malware o virus, esta persona llevó el ordenador al servicio técnico, el cual permaneció allí durante varios días. La sorpresa pues fue mayúscula cuando un nuevo mensaje de Telefónica (esta vez por carta) avisaba de la reiteración en la conducta denunciada (cosa imposible al no poder conectarse el ordenador desde esa misma línea ni IP, y sobretodo porque estaba desmontado en mil piezas), y “exhortaba” a tomar medidas, las cuales consistían en la contratación de un servicio de seguridad de… Telefónica.

Al indagar sobre el tema he descubierto que se trata de una campaña masiva, y que son muchos (no sabría cuantificar si cientos o miles) los usuarios de ADSL de Telefónica a los que se ha “invitado” a contratar dichos servicios, cesar en su conexión, o enfrentarse a una investigación y posible denuncia.

Si las empresas tecnológicas empiezan a tomar el camino de la anacrónicas y beligerantes discográficas, productoras y editoriales, entonces se están equivocando y mucho. Las amenazas, las presiones, las denuncias, los juicios, y en general el juego sucio no son precisamente el mejor modo de satisfacer al cliente. Y si una empresa o industria llega a tener la dimensión (a base de concentración y/o manipulación del libre mercado) suficiente como para poder permitirse tales atropellos, no me cabe la menor duda de que muestra síntomas de agotamiento, y está en proceso de extinción.

PD: Por si alguien sufre la desgracia de emplear Windows en un Dell, aquí tiene la información de cómo desinstalar My Way

PD2: ¿Será por cosas como esta que hoy en día el 25% de las ventas de Dell son con equipos preinstalados y/o migrados a Linux?

Damos por hecho desde las libertades hasta los derechos. Pero los logros y consecuciones sociales no son fruto de la casualidad, no están con nosotros desde el principio de los tiempos, ni podemos dar por sentado que seguirán aquí por siempre.

Al hablar de internet, damos erróneamente por hecho cosas como la interoperabilidad (ya hablaremos de ello en otra ocasión). Eso sí, hay una cosa que nadie pone en duda, y sin la cual es obvio que no existiría la red: la Neutralidad.

La Neutralidad de la Red es un concepto simple pero fundamental: todos los paquetes de datos que pasan por las redes que integran internet (operadas por la compañía o gobierno que sea), y sea cual sea su origen, tienen la misma prioridad, y el mismo trato.

Pues bien, en EEUU hay una serie de empresas de telecomunicaciones como AT&T, Verizon, Comcast, Time Warner o Bell South, que increíblemente apoyadas por algunas empresas de tecnología como Cisco (que piensa en su propio negocio acorto plazo, olvidándose de que su negocio a largo plazo es un crecimiento sano y sostenido de la red), han propuesto acabar con la mencionada Neutralidad.

Exigen (a través de una propuesta legislativa) que se les permita discriminar los paquetes de datos que circulan por sus redes, dando prioridad (e incluso permitiendo el paso exclusivamente) a aquellos que provengan de proveedores que hayan pagado una cuota. Y cuanto más alta la cuota mayor la prioridad. Incluso podrían establecer un sistema de subasta a tiempo real, y que haya que pujar por que nuestros datos puedan pasar por “sus” redes.

El argumento que esgrimen parece tener sentido: apelan a la libertad de mercado, y a la “propiedad privada”. Aducen que sin “incentivos” se acabarían los motivos para seguir actualizando las redes y mantenerlas en buen estado.

Andy Oram escribió un excelente análisis económico (10 de mayo 2006, www.oreillynet.com/etel/blog/opinion/) desmontando este argumento, citando multitud de estudios internacionales, y haciendo comparativas entre países. Aunque por cuestiones de espacio no daré más datos, me centraré en su conclusión: por ilógico que parezca a los defensores del “libre mercado”, en este caso es la inversión estatal (en redes, para garantizar su neutralidad) la que permitiría una mayor innovación.

Se me antojan motivos mucho más simples para rechazar los falaces argumentos de los enemigos de la neutralidad. Desde el impacto socioeconómico (incluyendo el propio) hasta el concepto de propiedad (de la red y del mensaje), pasando por la competencia en igualdad de condiciones.

“¿Y a mí qué?” Puede que este usted pensando. “Lo que pasa en EEUU no es mi problema” puede que diga usted. Pues se equivoca: la red es mundial, y buena parte de servicios y contenidos a los que accedemos diariamente tienen su origen o se hospedan allí. Además, cuando las barbas de tu vecino veas cortar…

“Yo pago mi cuota de abonado (ADSL tarifa plana, conexión por cable, etc) y hecho”. Pues no. Ninguna empresa, por poderosa que sea, tiene la infraestructura suficiente como para poder “servir internet” ella sola. Se la llama la red de redes por algo: son muchas redes interconectadas. Si no protegemos la neutralidad de la red nos abocaremos a un futuro muy muy negro desde el punto de vista de la libertad (del consumidor, de los derechos, de elección…). Por ejemplo: cualquier innovador que saque un servicio que compita con estas empresas antes mencionadas vería su sistema automáticamente suprimido de la red (me viene a la cabeza la VoIP o “telefonía por internet”); cualquier tienda de música online tipo iTunes podría desaparecer de nuestras pantallas, al dar el proveedor de telecomunicaciones preferencia, o incluso exclusividad, a su servicio (Telefónica a PixBox, Comcast a su música online, etc); cualquier activista político podría ver su blog desaparecer si no se ajusta a la doctrina oficial (recordemos que las empresas mencionadas dieron acceso al gobierno Bush a sus servidores para que espiara a sus ciudadanos, en contra de la ley y sin orden judicial); cualquier consumidor vería desaparecer su posibilidad de elección, pues sólo saldría en su pantalla una sola opción (la que más pague, eso sí) para revelar fotos online, hacer reservas de hoteles, contratar seguros, banca…

A estas alturas sólo pueden quedar dos tipos de lectores: los que estén tan asustados y furiosos como yo, y los que sean tan escépticos que no crean que nada de esto pueda llegar a materializarse. Para estos últimos tengo una pequeña lección de historia reciente que les hará cambiar de opinión: en 2004 Madison River (proveedor de ADSL de Carolina del Norte) cortó el acceso de sus clientes a los servicios de telefonía por internet de la competencia; en 2005 Telus (empresa de telecomunicaciones de Canadá) bloqueó el acceso a la web del sindicato de trabajadores de telecomunicaciones durante una disputa laboral; en abril de este año America Online (de Time Warner) bloqueó el acceso a correos electrónicos que mencionaban la web dearaol.com (que criticaba la intención de AOL de cobrar extra a sus clientes para poder recibir emails)… en España, ONO reduce y limita el ancho de banda que sus clientes pueden emplear para aplicaciones P2P (incluso aunque sean de mensajería o de computación distribuída).

El New York Times, tituló un editorial sobre este tema “La libertad de muchos en peligro por el negocio de pocos”. Por desgracia esta postura de falta de miras y visión de futuro es la más frecuente en la mayoría de empresas, preocupadas más por la cotización de sus acciones, o por modelos macroeconómicos, que por entender que el “negocio” mejor que una empresa puede hacer es fomentar que crezca el mercado, permitir la competitividad, y ofrecer al consumidor lo que el consumidor quiere.

No permitamos que el beneficio a corto plazo de unas pocas empresas ponga en peligro el futuro de uno de los más maravillosos avances que ha conseguido el ser humano. ¿Cómo? A parte del poder que tenemos como votantes, y como consumidores, no recordemos de que al juego de “como es mío cobro por ello lo que quiera” podemos jugar todos. ¿Qué tal cobrarles por permitirles usar “nuestros” datos para facturarnos? ¿Qué tal cobrarles por permitirles el acceso a “nuestros” blogs, emails, etc? En la guerra todos pierden.

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En noviembre de 2005 Google (parece que no se pueda hablar de la red sin mencionarlos) anunció un nuevo servicio (Google Local for Mobile) mediante el cual, y a través de su conocido sistema de visualización de imágenes de satélite Google Earth, los usuarios disponen de información local, mapas, direcciones, etc.

Por supuesto, a los pocos días Yahoo anunció un acuerdo con SBC Communications para ofrecer un servicio similar, y de paso anunció su acuerdo con TiVo para la grabación digital de contenido televisivo con programación via web, y la visualización de contenido web (principalmente fotos, tráfico, información meteorológica, etc) en la televisión.

Y no están solos Google y Yahoo en la desenfrenada carrera por ofrecer a sus usuarios información personalizada en tiempo real. Telcontar, a través de Drill Down Server, ofrece información del tráfico, tiendas, mapas e imágenes de las rutas de conducción que selecciona el usuario. A esto le podemos añadir el servicio que Traffic Manager ofrece, el cual consiste en ofrecer rutas alternativas para evitar atascos e incidencias basado en información ofrecida por Tele Atlas, Navteq, o Inrix.

Pero si todo esto no le sorprende, quizá lo hagan los prototipos de sistemas de navegación de ATX que encuentran espacios de aparcar via satélite, o los sistemas (como el de Visteon) que avisan a los conductores de curvas y otros peligros que el conductor vaya a encontrar inminentemente y para los que la velocidad que lleve no sea adecuada. Y si todo esto le aburre, siempre puede usar el sistema Optalert para evitar que se le cierren los ojos mientras conduce.

Todas estas tecnologías dependen de otras, como las de acceso a la información desde vehículos en marcha (una de las opciones más barajadas es la Wi-Fi para coches o DSRC, pero hay otras, como las de RaySat, LeadTek, o la Alianza Zigbee), pero principalmente dependen de sensores, satélites, vigilancia, y control. Ya he escrito muchos artículos sobre los peligros (suficientemente obvios, por otra parte) que estas tecnologías significan.

Además hay un tema más que hay que mencionar. Un tema que no parece preocuparnos, pero que a veces me da que pensar.

Si Cisco ya ha vendido más de 7 millones de teléfonos IP (mientras buena parte de la población de los países “avanzados”, ni que decir tiene de la población de los demás países, no sabe ni qué es eso); si Samsung, Nokia, Qualcomm y LG discuten sobre el estándar de la videotelefonía (DVB-H o Media FLO), mientras en Corea proponen DMB y en Japón ISDB-T; si empresas como Starz ya comercializan servicios de emisión de televisión personalizados (tipo P2P a través de las ondas de radio y el teléfono)… ¿cuál es el nexo de todos estos avances / tecnologías / ofertas / negocios?

La clave es: la omnipresencia de la red, y la digitalización de toda la información. Olvídese del “contenido”: TODO ha de ser “contenido” (mapas, conversaciones, imágenes, películas, estado del tráfico, ubicación de personas… TODO). Y todo eso ha de ser accesible desde CUALQUIER parte.

¿Les recuerda a algo? (pista: trilogía cinematográfica).

Que quede claro que soy el primer defensor de los avances tecnológicos, y el primero en maravillarme de lo que es capaz el Ser Humano cuando es sensato y de una invención crea otra (en vez de ser obcecado y represor, intentando cerrar el avance propio y ajeno con tal de disfrutar de un innecesario y pernicioso monopolio como pueda ser una patente, o peor todavía: ejerciendo una censura restrictiva y letal a la cultura con tal de controlar y limitar la difusión de la misma y poder así esclavizarla, mercantilizarla, y prostituirla a cualquier precio).

Pero el ritmo de asimilación de tecnologías “de consumo”, la creciente dependencia de las mismas, y los requisitos que cada nuevo avance suponen, significa una autoimpuesta carrera ciega hacia la conectividad total. Y pronto llegarán la web semántica, la inteligencia artificial, la autodefensa del sistema, y quizá la consciencia de silicio que nos recuerde lo que somos: un mono con gafas, un virus, y en definitiva los creadores de nuestra propia sucesión.

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A mí mi coche me habla. No, no alucino (por lo menos mientras conduzco), ni he llevado el tema de la sinestesia (ver mi artículo del mes anterior) al mundo de la conducción. Ni siquiera tengo uno de esos supercoches que incorporan reconocimiento y sintetización de voz.

Mi coche me habla en su propio lenguaje. Y a través de él escucho a los programadores que desarrollaron su electrónica.

Cuando, tras arrancar, alcanzo los 7 kilómetros por hora, los seguros de las puertas del coche se cierran. Cuando freno muy bruscamente se dispara un sistema que evita que se bloqueen los frenos (ABS). Cuando acelero sobre una superficie resbaladiza las ruedas cambian sus revoluciones automáticamente para ajustarse al desequilibro previsible. Cuando tomo una curva muy cerrada a mucha velocidad, seguida de otra (lo que en circuitos se denomina “chicane”), los seguros del coche se desbloquean, las luces de emergencia se encienden, y los cinturones de seguridad se tensan…

Cuando todo esto ocurre puedo oir a mi coche. Mejor dicho, puedo oir a los programadores y expertos que desarrollaron la electrónica del coche debatir y discutir lo que “es mejor para mí”. Pero, ¿qué tipo de debates fueron esos?

El debate tecnológico lo conozco, y es bastante simple y aburrido (excepto para los más geeks), del tipo: “si implementamos esa rutina siguiendo tu diagrama, Manfred, el tiempo de respuesta del procesador no será suficiente como para que el sistema de válvulas accione el mecanismo antes de que la retroalimentación llegue a la unidad de control, así que será mejor que incorporemos una subrutina que bla bla bla”.

El debate técnico lo presupongo, del tipo: “tengamos en cuenta que el elevado porcentaje de accidentes que ocurren tras tomar una curva a velocidades superiores a las que mencionábamos haría conveniente establecer un mecanismo automático que desbloquee el sistema bla bla bla”.

Pero el debate filosófico no lo puedo imaginar. Simple y llanamente no puedo creer que una multinacional (del sector de la automoción, o de cualquier otro sector) que sienta la presión del mercado y que deba responder de unos resultados de ventas y beneficios a un Consejo de Administración y a una Junta de Accionistas provisione los recursos necesarios como para que se pueda llevar a cabo un análisis de lo que suponen todas estas decisiones de programación. Eso sería tener muy en cuenta al cliente, más allá de lo que el cliente, en su general ignorancia y conformismo, les llegará a exigir jamás. Y no es que estas empresas no tengan en cuenta al cliente. Pero sí hay una cosa clara: no le darán más de lo que el cliente exige (o mucho más de lo que la competencia ofrece), porque de ese modo se aseguran la maximización de los beneficios a través de la optimización de los recursos.

Ya, bien, eso queda estupendo en un MBA de una Business School. Pero ni soy su profesor de empresariales ni me importa un carajo el beneficio de las multinacionales. Lo que sí me importa es el debate filosófico que hay detrás de toda esa tecnología de consumo que, seamos conscientes o no, consumimos, producimos, recibimos, usamos, disfrutamos, sufrimos, o cualquier combinación de lo anteriormente dicho.

¿Y cuál es ese debate filosófico? Pues muy sencillo. Me lo imagino desarrollarse a través de una serie de preguntas (como cualquier buen debate filosófico que se precie) del tipo: “¿no sería más correcto permitir al consumidor que lo desee (que sabemos que son pocos, pero eso es otro debate) acceder a un panel de control “avanzado” que permitiese modificar o personalizar todas esas opciones?, ¿hasta qué punto estamos evitando que la gente tome consciencia del peligro y la responsabilidad de un vehículo pesado lanzado a toda velocidad incorporando toda esta batería de medidas automáticas que suplen sus carencias y habilidades al volante?” etc.

Está claro que hay determinados trabajos que, por su naturaleza, son repetitivos o sistemáticos (que no por ello menos imprescindibles u honorables, como puedan ser los de bibliotecario, barrendero, o banquero), pero otros, y especialmente aquellos que tienen que ver con la creación, tienen una responsabilidad (para con los consumidores, la sociedad, ellos mismos, e incluso lo que crean) que no pueden tomarse a la ligera. Porque al fin de al cabo, esos debates filosóficos de hoy son los que establecerán las directrices de la evolución futura.

Grandes asuntos del futuro (como la inteligencia artificial, la definición de “vida inteligente”, los derechos de los robots y los animales, los resultados de la investigación genética, las paradojas de la traslación espacio-temporal, el papel del ciudadano en la tecnópolis automatizada, etc), por increíble que parezca, serán, para bien o para mal, en parte o en su totalidad, definidos por debates aparentemente tan simples como “¿debe el usuario establecer sus preferencias en el nivel de automatización de su vehículo?”. Si es que estos tienen lugar, claro.

De lo contrario algo mucho más peligroso puede ocurrir: que la tecnología deje atrás a las leyes, el mercado y la sociedad, y como suele ocurrir (como por ejemplo con los ultraortodoxos fundamentalistas y extremistas defensores del copyright), el mercado se alíe (o presione, o compre) a los políticos para que las leyes perjudiquen a la sociedad y a la tecnología, aunque eso, a la larga, acabe estrangulando al propio mercado.

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Según el diccionario de la Real Academia de la Lengua, Sinestesia es:
1. f. Biol. Sensación secundaria o asociada que se produce en una parte del cuerpo a consecuencia de un estímulo aplicado en otra parte de él.
2. f. Psicol. Imagen o sensación subjetiva, propia de un sentido, determinada por otra sensación que afecta a un sentido diferente.
3. f. Ret. Tropo que consiste en unir dos imágenes o sensaciones procedentes de diferentes dominios sensoriales. Soledad sonora. Verde chillón.

En algunos casos la sinestesia puede considerarse una condición patológica, y en otros una anómala pero interesante cualidad. Un ejemplo podría ser el ver luces de colores al oir un ruído, o el notar un determinado gusto al tocar algo. Pero lo que durante mucho tiempo se ha considerado como patología o curiosidad, retorna con gran fuerza gracias a la tecnología.

Nuestro cerebro tiene unos límites impuestos por la naturaleza, y por leyes tan básicas como la “ley del mínimo esfuerzo”, ya que en estado natural, ningún ser, incluido el Ser Humano, se puede permitir “malgastar energía” con cosas como la percepción de estímulos innecesarios, o el procesado de determinados estímulos para la obtención de un resultado más allá de meramente vital. Pero también es cierto que nuestro cerebro tiene una habilidad impresionante que es la plasticidad: las neuronas se reorganizan para intentar mantener la operatividad después de un daño cerebral; incluso la reasignación: neuronas encargadas del procesado perceptivo se reasignan en caso de discapacidad (como el mayor oído, tacto, u olfato de los invidentes).

Nuestro cerebro está programado para cumplir determinadas funciones. Hace muchas, y muy bien, pero ni todas ni perfectamente. Por otro lado un ordenador es programable. O sea, puede hacer cualquier cosa… que se le pueda programar. Y la hará perfectamente, si el programa es perfecto. ¿Qué ocurre si aprovechamos la posibilidad de emplear el ordenador en procesos que el cerebro se niega a hacer, por determinar que no serían necesarios para la supervivencia? Posiblemente nos encontremos entonces ante la forma de hacer que el cerebro humano evolucione y emplee partes que hoy por hoy están infrautilizadas.

Por ejemplo, ya hace un par de años el New York Times publicó un artículo sobre desarrollos tecnológicos, como el BrainPort, en el área de sustitución sensorial (empleo de tecnología para transformar señales sensoriales, ejemplo: visuales en gustativas). Estas tecnologías se están aplicando con éxito en casos de discapacidades sensoriales de todo tipo. Pero se puede ir mucho más allá.

El ser humano tiene 6 sentidos. No contamos con órganos capaces de sentir más que 6 tipos de sensaciones (gusto, olfato, tacto, vista, oído y equilibrio). Pero eso no quiere decir que tenga que ser siempre así. La tecnología nos permite dos increíbles posibilidades en este aspecto.

Por una parte ampliar nuestra capacidad sensorial mediante sensores externos a nuestro cuerpo (como puedan ser una cámara de infrarrojos, un micrófono unidireccional, etc). Esto se hace desde hace mucho tiempo y ha sido muy útil al Ser Humano. Ahora bien, la tecnología tardará algún tiempo en conseguir que esos caudales de input sensorial se conviertan en percepciones útiles para nosotros a tiempo real e integradas en nuestro propio proceso perceptivo.

Pero hay algo más increíble todavía que la tecnología puede hacer por nosotros y que ampliaría enormemente nuestra percepción del mundo que nos rodea: la sinestesia digital.

Mediante simples algoritmos, hacer que un ordenador nos “muestre” un sonido (como por ejemplo la gráfica de un ecualizador). Esto nos ha permitido desde hace un tiempo la producción de sonidos mucho más exactos de los que nuestro sentido del oído, y nuestra capacidad perceptiva del sonido nos hubiese permitido. Y eso es sólo el principio.

¿Qué ocurre cuando SoundOfAnImage transforma la imagen en sonido? ¿o cuando WolframTones genera música (no sólo sonido) a partir de algoritmos sin intervención humana? ¿o cuando MIDIART Live transforma sonidos MIDI en imágenes? ¿o cuando Fractmus transforma fórmulas matemáticas en música, y música en fractales? ¿o cuando un algoritmo transforma los primeros 10.000 dígitos de pi en música?¿o cuando esa música puede ser “tocada” con la mano, probada con la lengua, o generar todo un “viaje” de equilibrio? ¿o cuando con un sencillo proceso interactivo diseñamos nuestra propia montaña rusa en Quest (Disney World) y la podemos probar en un simulador? Pues que todo un nuevo mundo de posibilidades se abre ante nuestros ojos y oídos: de algoritmo a percepción y viceversa. La digitalización de los sentidos y la percepción.

Hay quien ve en ello la muy perseguida teoría de la unificación de la ciencia. Otros sólo ven una curiosidad más. Y otros incluso temen que la magia de la música o el misticismo de las formulaciones matemáticas desaparezcan al ser nuestro cerebro capaz de verlos con otra luz. ¿Qué creo yo? Que al cerebro hay que estimularlo para que no se atrofie, así que cualquier descubrimiento que nos haga emplearlo más o mejor, bienvenido sea.

[Actualización PD: merece la pena también t.y.p.o.r.g.a.n.i.s.m Visual Composer]

Este va a ser el último artículo, durante un tiempo, de la serie “Los peligros ocultos de la red”, ya que tanto pesimismo sostenido no puede ser bueno, y me gustaría hablaros el mes que viene de cosas maravillosas que tiene la tecnología. Pero este mes todavía he de horrorizaros un poco más.

El voto electrónico parece la evolución natural de los sistemas de democracia representativo por sufragio en la era de internet. Pero, hasta ahora, sólo han servido para demostrar las prácticas mafiosas e ilegales de algunos gobiernos y empresas, y la ignorancia y falta de capacidad de otros. Dos ejemplos: EEUU y España.

En EEUU, donde es posible el voto electrónico desde hace años, ya en 2002, en las votaciones para controlar el Congreso, los republicanos (partido de Bush) obtuvieron victorias increíbles (superando desventajas en las encuestas del 16% en Georgia, dando un vuelco imposible en el último segundo, como en Minnesota, o misteriosamente apareciendo votos que no estaban asignados al hermano de Bush, en Florida). En 2003 estas máquinas también intervinieron en la victoria de Schwarzenegger en California, y en 2004 en la improbable reelección de Bush. ¿Por qué dudar?

Muy sencillo, existen muchísimos análisis estadísticos que demuestran imposibilidades en esas elecciones; existen declaraciones juradas de ex-empleados de las empresas que fabrican las máquinas de voto electrónico que aseguran que les pagaron para manipular los resultados; existen unos memorandums (los famosos Diebold memos) que demuestran que una de estas empresas conocía la posibilidad de alterar los resultados y no hizo nada por evitarlo (es más, llevo a juicio a quien hizo público dicho fallo)… pero mucho más fácil que todo ello es, como en el Watergate, “follow the money”.

Las cuatro empresas que fabrican las máquinas de voto electrónico que se emplean en EEUU son Diebold, ESS, Sequoia, y SAIC. Walden O’Dell, fundador de Diebold, y gran contribuyente al partido de Bush, dijo públicamente que haría lo que fuese para que los republicanos ganasen. La división de voto electrónico de Diebold la dirige Bob Urosevich, y su hermano Todd es directivo de ESS (supuestamente competencia). A ambos los reclutó Howard Ahmanson, miembro de varias organizaciones de extrema derecha, y gran accionista de ESS. El ex-director de ESS, y todavía importante accionista, es Chuck Hagel, quien hoy es senador republicano por Nebraska (en las elecciones donde salió elegido contra todo pronóstico se emplearon máquinas de ESS). Madison Dearborn es la empresa de inversiones de Sequoia, y a su vez parte del Grupo Carlyle (Grupo que invierte en empresas de armamento y pertenece principalmente a las familias Bush, Major, Marcos, y Bin Laden). Y por último SAIC es una empresa proveedora del Pentágono y la CIA, con un gran historial de fraudes y fallos de seguridad, dirigida por el Almirante Bill Owens (ex-asesor militar de Dick Cheney), Frank Carlucci (del Grupo Carlyle) y Robert Gates (ex-jefe de la CIA).

Las máquinas de voto electrónicas han recibido enormes cantidades de dinero público en EEUU a través de la ley “Help America Vote”, impulsada por Bush. El principal grupo lobby que apoyó la aprobación de la ley con contribuciones fue un consorcio de fabricantes de armas (entre los que se encuentran Northrup Grumman y Lockheed Martin). Podría dar muchos más detalles, pero por cuestiones de espacio paso al siguiente ejemplo: España.

Durante las elecciones de marzo de 2004 en España se hizo una “prueba” de voto electrónico a distancia. La empresa a la que se designó para los aspectos tecnológicos es Indra Sistemas, S.A.

Pues bien, a parte del desastre de que menos del 1% de los posibles votantes participaran en dicha prueba (lo cual, visto lo ocurrido puede incluso que sea un alivio), lo importante en esa prueba es el espantoso ridículo que tanto el Ministerio del Interior como Indra hicieron.

El informe del Observatorio Voto Electrónico votobit.org (vinculado a la Universidad de León) demuestra que el sistema era vulnerable (pues ellos mismos accedieron a varios puntos del sistema sin menor problema), su diseño y arquitectura eran una chapuza (con cosas tan absurdas como que el sistema cogía las dos claves, tanto pública como privada, del cliente), no seguía ninguna de las recomendaciones de los diversos organismos internacionales con respecto a este tipo de tecnología, su realización fue improvisada, y no se permitió el control o auditoría del proceso por parte de agentes externos independientes.

¿Ignorancia? ¿vacua operación de imagen? Esperemos que sea eso, y que el ridículo lo hagan sólo Indra y el Gobierno al calificar la experiencia de “satisfactoria” “éxito” y “un avance”. De lo contrario los ciudadanos al no interesarnos por el tema, y obligar a los responsables a dimitir, a establecer controles y auditorías independientes, a seguir las recomendaciones internacionales en la materia… y sobretodo a emplear sistemas libres, podemos encontrarnos de repente con un robo de elecciones espectacular (y digital). Como en EEUU.

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Si el mes anterior hablábamos del spyware distribuído o esponsorizado por gobiernos, en esta ocasión vamos a hablar del que distribuyen las empresas por iniciativa propia. Los ejemplos, por desgracia, son más abundantes de lo que a priori se podría pensar veamos un par (hay docenas).

Microsoft fue la primera (que yo sepa), cómo no, en cometer este abuso, y que quedase suficientemente documentado. En verano de 2002, tal y como se denunció en la web BSDVault.net, en la Licencia de Usuario (EULA) de una actualización de seguridad de su Windows Media Player 6.4, decía: “Acepta que para proteger la integridad del contenido y software protegido por DRM (”Contenido Seguro”), Microsoft puede proporcionar actualizaciones de seguridad al Sistema Operativo que serán automáticamente instalados en su ordenador. Estas actualizaciones de seguridad eliminarán su capacidad de copiar y/o ejecutar Contenido Seguro y usar otro software en su ordenador. Si proporcionamos tal actualización de seguridad, haremos esfuerzos razonables por comunicarlo en una web”.

O sea, que se autoasignan la potestad de entrar en tu ordenador, instalar lo que quieran, no permitirte emplear el software que quieras… y ni te avisarán, ni te darán la oportunidad de comprobar lo que han hecho, ni podrás negarte.

Pero lo que comenzó como un abuso, y que proliferó por la inconsciencia de usuarios ignorantes y confiados que aceptaban EULAS sin leerlas, y empleaban software privativo (y lleno de errores, lento, vulnerable, caro, etc) como si no hubiese otra alternativa, se ha convertido en actividades delictivas descaradas.

Un ejemplo reciente, famoso y bien documentado es el de Sony-BMG (Bertelsmann), la multinacional discográfica (aunque no es la única). Pese a que muchos habréis leido la noticia, pocos sabréis el alcance real de la misma. Permitidme resumirla:

Sony-BMG, como la mayoría de discográficas y suciedades de gestión, obsesionadas con la proliferación de copias de sus discos (que por cierto, son absoluta y completamente legales según la legislación española vigente), introdujo sistemas de Gestión de Restricciones Digitales (DRM) ya en 2003. Desde entonces emplea el MediaMax de SunnComm, que se instala en el ordenador sin permiso ni notificación, sin desistalador (o el cual no funciona), y que transmite información del ordenador del usuario a SunnComm pese a que en el EULA dice lo contrario. Y se instala aunque el EULA se rechace.

Pero no contentos con esto, a principios de noviembre de este mismo año se supo que Sony-BMG también empleaba la tecnología XCP (el rootkit Aries.sys) de First4Internet, que hacía lo mismo que el MediaMax, pero además era mucho más difícil de detectar y desinstalar, y causaba un agujero de seguridad que han aprovechado desde virus hasta hackers (incluso contra el sistema anti trampas del juego online World of Warcraft).

Ante el lógico revuelo mediático que esto causó, Sony-BMG retiró 52 discos (Ray Charles, Frank Sinatra, Louis Armstrong, Celine Dion, etc), y proporcionó un desinstalador. Parecía una buena reacción. Lo malo es que justificaban sus acciones (”lo venimos haciendo desde hace tiempo”, “es normal”, etc), sigue habiendo muchos discos en el mercado con esas tecnologías, y para conseguir el desinstalador hay que conectarse a tres webs, dar tus datos dos veces, aceptar que los usen para enviarte spam, y todo para un desinstalador que se ha demostrado que puede romperte el sistema y/o borrar tus datos del ordenador. Además han mentido pues aseguraron que el XCP no enviaba datos del usuario a Sony, y se ha demostrado que sí lo hace.

Computer Associates calificó esta tecnología de Spyware y de Malware. El Fiscal General de Texas puso una denuncia a Sony-BMG en noviembre, y otro en diciembre, en la que pedía a Sony-BMG 100.000 dólares por cada vulneración de la ley (con 20 millones de Cds portando MediaMax y 2 millones con XCP eso podría suponer miles de millones de dólares) más los costes del juicio e investigación. En California la Electronic Frontier Foundation les puso una denuncia similar, y una asociación de consumidores otra. Y tanto en el Congreso de EEUU como otros 12 estados están estudiando aprobar leyes anti-spyware como la de California.

Al final Sony-BMG ha decidido ofrecer un acuerdo a los consumidores (acuerdo que ha sido en principio aceptado por un juez de Nueva York) en el que ofrecen 7′50 dólares y la descarga gratuita de uno de los 200 álbumes de su colección, o tres álbumes (en vez de dinero). Además se comprometen a dejar de fabricar CDs con esa tecnología y a ofrecer a los afectados un desinstalador del DRM que funcione.

DirectRevenue ya fue condenado por instalar Spyware por el juez Robert Gettleman en Illinois (EEUU), bajo cargos de allanamiento, fraude al consumidor, negligencia, y manipulación informática. Esperemos que a todos los apuestan por este tipo de medidas (incluídos el Ministerio Español de Cultura, y la SGAE) la ley les ponga en su lugar y paguen por la desfachatez de abusar de la confianza de los consumidores y restringir nuestros derechos.

Lo curioso es que con la legislación española (y la norteamericana) en la mano, cualquier consumidor que se vea afectado por este abuso criminal de restricción de sus derechos no puede tomar medidas para contrarrestar sistemas como MediaMax, XCP, o Macrovision. La mera posesión de tecnología que lo permitiese está penado en el Código Penal español con hasta 2 años de cárcel. Es más, la ingeniería inversa de ese spyware está prohibida, incluso para su investigación.

Algo falla en la ley y en las grandes corporaciones: ni entienden la tecnología ni les importan los derechos de los ciudadanos/consumidores. En vez de buscar nuevos modelos de negocio, pretenden aferrarse al pasado mediante leyes absolutamente abusivas y prácticas criminales.

Pero aun hay algo que me preocupa más: existiendo muchísimas alternativas libres (Software Libre como Linux y miles de programas más, y millones de discos libros y películas libres o bajo licencias menos restrictivas que el copyright como Creative Commons, etc) la mayoría de ciudadanos/consumidores sigen permitiendo abusos contra sus derechos fundamentales. ¡Qué cara sale la ignorancia, la sumisión, y el inmovilismo! Moraleja: emplea herramientas libres, disfruta de contenidos libres, y no permitas que abusen de tus derechos ¡y además te cobren por ello!

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El spyware (programas que recopilan y transmiten información de nuestro ordenador sin nuestro conocimiento o permiso) no son lo que llamo “peligros ocultos de la red”, porque se le da bastante publicidad al tema y nadie, menos los propios productores y distribuidores de spyware, tiene interés en silenciar el tema.

Sin embargo, tanto los fabricantes de software “normal” como los gobiernos (principalmente el norteamericano) y distintas fuerzas y cuerpos de seguridad se han tomado muchas molestias para que no se sepa, o por lo menos se hable lo mínimo posible, del comportamiento de características spyware de aplicaciones y herramientas tan “poco sospechosas” como las impresoras laser a color, o el programa Adobe Photoshop.

Ya desde hace varias versiones de Adobe Photoshop no es posible escanear y editar la imagen de un billete de dólar igual que podemos escanear y editar cualquier otra imagen. Esto es algo que se conoce y está documentado desde hace años, demostrando que los servicios secretos de los gobiernos (en este caso la National Security Agency de EEUU) “colaboran”, o más posiblemente, obligan a los fabricantes de software a introducir modificaciones en su software sin conocimiento del público. Con este antecedente, ¿podríamos imaginar lo que ocurrirá con programas de cifrado, antivirus, escaneado de seguridad, copia de seguridad…? Este es un motivo de más (a parte de muchos otros) para pasarse al software libre y apoyarlo al 100%.

Aquellos que creen que estos escenarios de gobiernos controlando ciudadanos a través de los fabricantes de software son exagerados o catastrofistas deberían saber que el gobierno de EEUU ha hecho pública su intención de controlar, independientemente de la voluntad o el conocimiento del consumidor, cosas tales como la placa base (con el CipherChip del FBI), el correo electrónico (como a través del Carnivore del FBI), o la telefonía sobre internet (aprobado por la Federal Communications Comisión para el 2007 a través de CALEA). Y si esto no les inquieta, hay un caso muy bien documentado que servirá de ilustración.

En efecto, se sospechaba desde hacía tiempo que los fabricantes de impresoras laser color incluían, a “petición” del Servicio Secreto Norteamericano (NSA), en sus equipos la “funcionalidad no anunciada ni documentada” de introducir, en cada página impresa, unos micropuntos que conforman un código secreto que identifica la máquina, fecha, y posiblemente hasta el usuario. Pero tan sólo hace unos días que los compañeros de la Electronic Frontier Foundation han conseguido descifrar estos micropuntos y documentarlo todo muy bien en esta web. Canon y Epson ya lo han admitido, HP y Konica Minolta guardan silencio.

Para los que aún no vean en ello un problema (”sólo los falsificadores de billetes, narcotraficantes, secuestradores, o terroristas se deberían preocupar de esas cosas, a los demás no nos afecta”) quizá les interese saber que el FBI ha recopilado desde 2001 más de 1.100 páginas impresas por grupos activistas pacíficos como la American Civil Liberties Union, Greenpeace, o United for Peace.

¿Cuál es el problema? Varios. Desde el ocultismo con el que los gobiernos llevan a cabo estas injerencias en los productos de las empresas de hardware y software, hasta la falta de regulación y control a través de un proceso judicial (como se requería hasta ahora para intervenir comunicaciones a sospechosos o realizar registros), pasando por el uso que luego se haga de dicha información (que como demuestra el caso de las impresoras, no es para perseguir criminales, sino con un objetivo político de control y asedio a todo aquel grupo o indivíduo que cuestione el sistema, o como hacen con Echelon: para espiar comercialmente a sus propios aliados).

Así que ya sabéis, si les dejamos hacer, y si somos cómplices en este encubrimiento no hablando de ello y no pidiendo más explicaciones, las cosas irán cada vez a peor, perdiendo todos cada vez más derechos y libertades civiles hasta el punto que no las podamos recuperar y sean sólo un recuerdo de una época pasada de libertad.

¿Excesivas mis previsiones? Quizá una última información os convenza: la Federal Communications Commission (FCC) de EEUU, el 23 de septiembre 2005 publicó un documento de tres páginas que, tal y como denunció Declan McCullagh en news.com.com, establece que los usuarios sólo podrán usar software que el FBI apruebe. En principio esto sólo afecta a los norteamericanos, pero vista su política de intervencionismo, y sus acciones transfronterizas, como los juicios P2P y la red Echelon, es de esperar que termine afectando a todo el mundo. Añadiendo a esto las normas de intervención de telefonía IP (por internet), tenemos que la privacidad, y los derechos de los consumidores son vulnerados descarada, frecuente, e ilegalmente por los gobiernos. Pero por desgracia eso no es todo, y el mes que viene veremos cómo muchas grandes empresas hacen lo mismo.

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