Conferencias, eventos y viajes


Definitivamente algo tendrá esta tierra cuando vengo tanto por aquí ;-)

No soy de los que les gusta “quedarse con las ganas”, así que por negocio o placer, esta vez mi lista de restaurantes ha empezado por los que se quedaron en la cuneta la vez anterior: Restaurante Café de París (comida francesa al estilo andaluz, impecable), El Chinitas (lo tradicional llevado al extremo, con mega-retrato de Chiquito en la pared y “pianista-freak hasta la comisura de sus mejillas posteriores” incluído) o La Moraga (tapas de autor: prepárate para mezclar, sobretodo en el menú degustación). Y un descubrimento nuevo: el Rincón del Trillo. Pero no en la terraza, primera planta, o los reservados de la segunda planta, sino en el exclusivo reservado de una sola mesa, en local a parte, que llaman “la joyería” (porque es lo que era hasta hace poco). Excelente producto, perfectamente cocinado, y con interesantes aportaciones originales (croquetas de piñones, alcachofas con foie y habas) en una carta compuesta mayoritariamente por comida tradicional.

Pero como no sólo de comida vive el hombre, también hay que alimentar el cerebro, me voy con la pena de no haber podido disfrutar del FanCine, pero sí de la exposición “Del Greco a Picasso, la colección del Santanderen el Rectorado de la UMA.

Como decía mi amigo Ramón (gracias por el “esfuerzo de conducir hasta el centro y aparcar aunque sea en un parking”, y sobretodo por una siempre agradable tertulia) “cuando leo tus posts parece que te conozcas Málaga mejor que yo”. No es para tanto, ni mucho menos. Ayudan tres cosas: ganas de conocer, que los “nativos” te guíen, y una de las máximas del viajero

No te quedes en la habitación del hotel a no ser que tengas buenos motivos para ello

cuando hasta la puerta te sonríe

Para la próxima: El African Work de Barceló y Matthias Weischer en el CAC, el tapeo (Duque de la Victoria), d’gustar, salmorejo y el mandrilo (wifi).

Curiosa la herramienta de la página Dopplr, que muestra el Dopplr Raumzeitgeist (mapa con círculos acorde con los días pasado en cada lugar). También demuestra que viajar me gusta, y que me queda mucho mucho mundo por recorrer ;-)

[aquí deberías ver un mapa, sino haz click aquí]

Para esos y otros viajes hay multitud de herramientas que vienen muy bien. Algunas son conocidas por todos (sitios online de reserva de hoteles, billetes de avión, recomendaciones locales, mapas, predicción meteorológica, etc). Aquí os dejo algunas de las menos conocidas y que más útiles me han sido:

- Guías de viaje: Louis Vuitton City Guides (ir a Mujer-Libros&Escritura-CityGuides), HG2 Hedonist Guides, SAS Crew Guides, Luxe, LeCool, WallPaper, Moleskine City Books, o Pulse

- Costumbres y tradiciones: ExecutivePlanet

- Guía de cambio de moneda: OandaCheatSheet

Lo del aeropuerto de Caracas ha sido de auténtica película.

He salido de Bogotá puntual, y sin problemas, pero como la señorita de Avianca no ha podido facturarme el equipaje hasta destino, pues enlazaba en Caracas con Iberia, he tenido que volver a pasar por la abarrotadísima inmigración de Caracas, recoger la maleta (que ha salido exáctamente la última) y volver a facturar. Y aquí empieza la aventura.

Llego a la zona de facturación de Iberia, y la cola es imposiblemente larga. No sé cuántos vuelos ni a dónde estaban facturando allí, pero no había forma de que consiguiese llegar a tiempo si guardaba esa cola (mi avión salía en una hora y unos minutos, con lo que en menos de media hora cerraban la facturación).

Así que, pidiendo disculpas y muy amablemente me dirijo al principio de la cola, donde un empleado del aeropuerto comprobaba los billetes y pasaporte antes de acceder al mostrador, y le explico la situación de urgencia. “Mire usted, aquí en Venezuela todos somos iguales, así que tendrá que hacer la cola”. Le hablo de la igualdad de oportunidades, de la igualdad ante la ley, pero de la diferencia de circunstancias. Parece que la filosofía se la suda.

Entonces hago algo que normalmente no haría, algo va contra mis principios, pero que me podía sacar del problema: le pongo un billete de 100 US$ en mi pasaporte y le digo:

“sí, pero mire, es que yo voy en primera (ambos sabíamos que no era verdad), así que puedo pasar a facturar por la fila de primera (que lógicamente estaba vacía, pero que desesperantemente no estaba atendiendo a nadie para aligerar la carga de la cola) ¿verdad?”. Sin el más leve atisbo de sorpresa, enfado, o duda, me contesta, “claro que sí, señor, por aquí”. Veo que su discuso sobre la igualdad es tan frágil como su ética. Corruptor dixit.

La facturación dura más de media hora de reloj, pues a la chica no le cuadraban los códigos. Decía que yo tenía reserva en un vuelo que no existía. WTF. Así que llega la encargada, “Heidee” (toma Spanglish, aunque el otro día me reuní con un “Benhur”, lo juro), se pone a teclear como una loca, y a final lo arregla todo. Eso sí, la etiqueta que ponen en mi maleta, la escriben a mano. No rezo porque soy ateo, pero no me da muy buena espina que se diga.

Una vez resuelto el asunto de la facturación, otra inmensa cola en el pago de tasa de salida. Así que me la juego, saco el resguardo del otro día, le pongo el pulgar encima de la fecha y me dirijo al control de seguridad. Ni lo comprueban. Adelante.

Miro la tarjeta de embarque para comprobar la puerta, y veo que el vuelo 6700 salía a las 17:50 ¡¡y ya eran las 19:00!! Compruebo los paneles del aeropuerto y aún ponían “última llamada” en el vuelo a Madrid, con lo que, con la esperanza de un retraso, corro a la puerta de embarque.

Lo más increíble es que al llegar, veo a todo el mundo sentado, con cara de llevar mucho rato esperando. “¿Qué ocurre?” pregunto a un señor que estaba desparramado por el asiento. “Pues que el vuelo 6700 que se supone que salía a las 17:50, lo han cambiado a las 19:10 por ser horario de invierno, cambio de hora y todo eso. Además le han cambiado el código a 6702, e Iberia no nos ha avisado”. Me río, una risa nerviosa causada por la mezcla de incredulidad, cansancio, y estupor, y me siento.

Pero no acaba ahí mi aventura. No.

Me llaman por megafonía, y acudo a la puerta. Dos policías y dos militares me piden que les acompañe porque han detectado algo extraño en mi maleta. Recordemos que la maleta viene de Bogotá, Colombia. Uno, que ya lleva más de un millón de kilómetros a la espalda, respira e intenta tranquilizarse, pero qué quieren que les diga, se te pone un mal cuerpo… Empiezas a imaginarte todo tipo de probabilidades y explicaciones. Que si la maleta en cuestión no es la mía, que si alguien ha introducido algo en ella, que si es una excusa para un secuestro express…

Me ponen unas cintas reflectantes cruzadas en el pecho y espalda, y me llevan al medio de la pista. Ahí estaba mi maleta y varias otras. Me dicen que me acerque y explique “ese líquido que sale por el lateral”. Les pido que me permitan abrirla para mirar, y me dicen que adelante, pero se hechan unos pasos atrás, y levantan sus armas. Joder.

La abro, y como había supuesto, se había salido el champú, y había empezado a filtrarse por el lateral de la maleta. Se lo enseño y me dicen, “Ah, está bien, ya puede usted volver a la zona de embarque”. Al girarme veo a otras personas, y asumo que algo les pasa a sus maletas también. Sonrío sabiendo lo mal que lo van a pasar. Malicia y empatía en un solo gesto.

Ahora, mientras espero a embarcar mi último vuelo, ya en territorio nacional, me hace gracia todo el periplo. Me alegro de haber sido capaz de haber mantenido la calma en todo momento. Una experiencia más. Y luego me preguntan por qué tengo tantas canas con lo joven que soy :D

La fiesta de anoche en el  restaurante Andrés Carne de Res fue realmente espectacular (como mis ojeras esta mañana).

El sitio en sí ya es digno de un post: “kitsch” se queda corto. No es mi estilo para nada. Todo lo contrario. Abigarradísimo de objetos “decorativos” y llenísimo de gente pese a su enorme tamaño y la distancia que lo separa del centro de Bogotá, el viaje hasta allí fue curioso, porque el taxista se perdió e instintivamente uno se pone en guardia (no sea que le estén dando el “paseo millonario” y termine con una “corbata colombiana”). De hecho paraba a preguntar en sitios con un aspecto horrible, paró a mitad de trayecto a rellenar papeles con mis datos “porque los taxis de la ciudad de Chia han de registrar los viajes fuera de la ciudad”…

Bueno, al final conseguimos llegar al restaurante. Gigante desde fuera (capacidad para 3000 personas y no es un salón de banquetes) y lleno de lucecitas, la sorpresa es grande cuando entras y ves la “decoración”.

decoración

Pero para colmo había una fiesta privada de disfraces, de unas 500 personas. Los disfraces eran buenísimos (desde Shrek hasta Marge Simpson), y no vi ni uno repetido.

fiesta disfraces

Nos sentaron en la zona de la fiesta, y pudimos ver a todo el mundo bailar durante horas. El tono ni subió ni decayó. A la gente no se la veía ni “a la caza” ni “a la pose”. Simplemente montones de gente joven y guapa pasándolo realmente bien. Nunca había visto una fiesta tan alegre, tranquila, positiva… y tumultuosa.

Otra cosa que me llamó la atención, y esto es general del país, es la amabilidad de la gente, lo cariñosos que son, y su disposición a servir y ayudar. No es una postura falsa y forzada, como en muchos países de latinoamérica. Aquí son así, o por lo menos lo disimulan muy bien. No es de extrañar que tanto españolito termine perdiendo la cabeza por colombianas. Aunque a mí, por cierto, no me afectó esa “fiebre”. Estoy vacunado e inmunizado :D

Como curiosidades finales, de nuevo las reuniones con estupendas vistas

sala de reuniones

la cantidad de mujeres en puestos directivos. Y el lenguaje: “¿me regala su nombre?” “le provoca un tinto?”. Y muchas más expresiones que nos resultan graciosas.

Nada más llegar al hotel ayer ví que la fruta que tenían en recepción, en vez de ser las habituales manzanas que hay hoy -que no me falten mis manzanas ;) -, era granadina. Así que me comí una: deliciosa. La verdad es que estos países tropicales tienen una auténtica suerte con sus frutas exóticas autóctonas (y por lo tanto siempre maduras, disponibles, y económicas).

Al entrar en la habitación hacía frío (en el exterior ¡17 grados! cuando ayer en Caracas hacía 33). Así que subo el termostato a 25 y espero. Nada. Apago el aire acondicionado y espero. Nada. Comprueba las ventanas: cerradas. Cuando me he levantado esta mañana estaba helado. Así que me he puesto a investigar de dónde venía el frío: en las ventanas hay una rendija superior y una inferior que se manejan con una pequeña manivela y que se me había pasado la primera vez que comprobé las ventanas (pues estas estaban cerradas). Moraleja: comprueba siempre las habitaciones muy bien, pues el personal de servicio quiere que estén ventiladas y frescas… pero no piensan que si entras en la habitación horas después que ellos, lo que están es heladas.

Durante el desayuno he podido probar 16 cosas que nunca antes había tomado, y eso que soy de los que lo prueba prácticamente todo vaya a donde vaya (serpiente, cocodrilo, lo que sea). Por una parte furtas, que me encantan: higos (no los nuestros, que aquí llaman “brevas”), capulín, feijoa, manzana de amor (que parece diseñada por Philippe Starck), pitaya, uchuva… y por otra parte cocina típica costeña. Para beber jugo de papaya y piña, luego cumis, y luego un cacao. Eso sí, su repostería es pésima.

El ambiente en la calle es normal, de hecho bastante energético y sensación de seguridad. Nada que ver con Caracas. Parece ser que la cosa era al revés hace 10 años, pero ha ido cambiando. Ahora, eso sí, esto más pro-yankee no puede ser: desde los lavabos hasta los interruptores, todo es made in USA, y los anglicismos alcanzan niveles cómicos.

vistas ventana oficina

Ahora estoy esperando para mi segunda reunión (de 6), ya que la primera no ha ocurrido (y ni se han molestado en cancelar, con lo que he perdido 3 horas). Así es la vida comercial. Menos mal que las vistas son preciosas. Pero para compensar, esta noche me van a llevar a cenar a un restaurante que parece ser toda una institución en Bogotá: Andrés Carne de Res.

La verdad, no es una ciudad que dé para muchos apuntes. Gris, triste, pobre… Como cualquier lugar donde hay gente, hay historias que contar y belleza en los rincones. Además, con el Caribe y el Parque Nacional El Ávila (lo veo desde la ventana de la habitación del hotel), por supuesto que hay belleza natural. Pero ni he tenido el tiempo ni las ganas de buscarlo. Eso sí, unas cuantas anécdotas más:

En el desayuno me he preparado mis propios jugos (de durazno, lechosa, camburo y piña) y, a parte de otras muchas cosas, he disfrutado viendo cómo me hacían unas cachapas, a las que para rematar he añadido leche condensada.

La vistas desde el ascensor del hotel, inmejorable:

vistas desde ascensor hotel

Luego, en la Oficina Comercial de la Embajada Española en Caracas, el responsable de informática me ha reconocido y me ha dicho “¿usted es Jorge Cortell? Sólo quería decirle que es un honor conocerle, le sigo desde hace tiempo”. La verdad es que es cierto que los informáticos somos un poco raritos.

Los murales.

Por todas partes hay murales, desde los Anti-USA

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hasta los “revolucionarios”

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con “Chávez” por todas partes (ayer no podía creer el populista e inacabable discurso que dió en un meeting electoral que retransmitieron por televisión). Se le va más la olla que a Julio Iglesias en persona.

Pero los murales que más me han llamado la atención, y los más frecuentes son los que reclaman (de una manera más o menos directa) el pago de impuestos

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¡Cómo se nota que ha bajado el precio del crudo!

En cuanto a la libertad de expresión, es mucho más amplia y plural de lo que los medios europeos y norteamericanos nos quieren hacer creer. Chávez será un populista disparatado (el “negro loco”, lo llaman aquí) pero hay puralidad política y ilbertad de expresión (y abuso en los medios, claro, más obvio y a mayor escala que en otros países, pero en todas partes cuecen habas en los medios públicos). Eso sí, su política populista le ha llevado a inversiones faraónicas, proyectos utópicos, y escasez en otros muchos ámbitos. Es sustituir un mal reparto por otro. Lo que lleva a una sensación de inseguridad (amplificada por posturas políticas que la instrumentalizan) y toda su expresión externa: alambradas electrificadas en las viviendas unifamiliares, CCTVs, rejas en cada puerta y ventana ¡hasta en el sexto piso!

Por último he disfrutado en la Universidad Central de Venezuela. Pese a que se construyó en los 50 (en su ubicación actual), y no dedican precisamente mucho presupuesto al mantenimiento, ha sido declarada patrimonio cultural de la UNESCO porque contiene una ingente cantidad de arte (principalmente mural) de una enorme cantidad de artistas de la época (Calder, Léger, Otaola, Barrios, Arp, Otero, Manaure…).

Cadler en el Aula Magna

Además hay WiFi gratis, abierta, y no capada (yo me he conectado desde el lobby de la Facultad de Odontología). Y en las paredes de los pasillos exteriores (cubiertos, no sé si más por el sol que por la lluvia) hay pizarras donde los alumnos debaten fórmulas matemáticas o resolución de problemas de marketing. He visto docenas de ellas, y ni un solo grafitti, obscenidad, ni mensaje político (están en elecciones). ¡Qué ambiente más maravilloso!

pizarras en pasillos

Mañanita mismo a Bogotá (Colombia). ¿Qué tú sabes, wei?.

[Actualización]: lo nunca visto. En el Duty Free del aeropuerto de Caracas, a la venta televisores de plasma de hasta 42 pulgadas, en packs con Wii, Guitar Hero… ¿lo dejarán subir al avión como equipaje de mano? ¿el comprador será tan suicida de embarcarlo o confiar en que se lo enviarán? Ver para creer:

TVs en Duty Free Caracas

El viaje ha comenzado con pequeñas anécdotas sin importancia (el Consejero Delegado de Air Nostrum, mi vecino y cliente, ha volado en el mismo vuelo que yo, pero a él le ha recogido un coche a pie de avión mientras los demás nos mojábamos al subir al bus con lluvia).

El Madrid-Caracas ha sido un vuelo sin más curiosidad que una tripulación mayor, cansada y malhumorada, y un sistema de seguimiento de vuelo que no paraba de mostrar “Invalid” sobre cada punto del mapa que sobrevolábamos (qué tranquilidad da eso).

Invalid en la pantalla

Lo más digno de mención del día ha sido el caos monumental en inmigración del aeropuerto Simón Bolivar. Las colas, interminables y desorganizadas, sin nada que las dirigiese, organizase o delimitase (ni carteles, ni cintas, ni cuerdas, ni cadenas, ni pintura en el suelo… nada). El personal sin el más mínimo interés por ayudar. Ni siquiera mostrando un ápice de preocupación. Y los pasajeros, sobretodo los del este, absolutamente incrédulos de lo que veían.

caos en aeropuerto

Para colmo me ha pasado una de principiante que no voy a olvidar en mucho tiempo: sabía que el cambio del mercado negro da el doble que el cambio en el aeropuerto, aunque uno no se puede fiar de cualquiera, pues le pueden colar billetes falsos.

Lo que no sabía es que uno se atonta con 8 horas y media de viaje (y 50 minutos de cola en inmigración). Porque es la única explicación al absurdo error de cálculo que he cometido cuando el taxista me ha dicho “180.000 bolívares por llevarle a su hotel”. Por no querer sacar el iPhone en público (el tema de la seguridad aquí está bastante mal), he hecho un cálculo rápido y he pensado “6′5 euros, dada la distancia, me parece bien barato”. ¡Pero resulta que no eran 6 sino 65 euros! Para cuando me he dado cuenta llevábamos un rato en el todoterreno con cristales tintados (pero sin guardaespaldas esta vez, no como en otros lugares), y no me ha parecido bien re-negociar cuando el error ha sido mío.

Nunca he visto tanto coche parado en la cuneta. Y como en cualquier gran ciudad, sobretodo en LatAm, los ghettos y las chabolas abundan.

Al llegar al hotel he oído a una chica quejarse de que le habían cobrado 100 euros por el mismo trayecto. Mal de muchos consuelo de tontos.

Encima por 5 minutos no puedo nadar antes de irme a dormir (que el cuerpo es lo que me pide, pero en hora local es demasiado pronto), y la conexión a la red falla, con lo que tengo que sujetar el cable (wifi sólo en el lobby) con la mano. Mañana me vengo en el buffette de desayuno y por la tarde no perdono unos largos, que calor hace un rato, y además la piscina está climatizada. Buenas tardes/noches.

Piscina Eurobuilding Caracas

Desde la conexión habitual (casa, trabajo…) todos lo sabemos. Pero cuando estás en la oficina de un cliente, en un aeropuerto, o en un hotel, a veces falla el correo pero no te da un mensaje de error adecuado.

Ahi entra la Predictibilidad del Resultado Protocolario. Básicamente significa que si cada vez que te caes te haces daño, puedes inferir que la próxima vez que te caigas te harás daño (no que porque te duele algo te has caído).

Si sabes que, como en mi caso y en el de la mayoría de los que acceden a la red sin filtros, cada x minutos vas a recibir x cantidad de spam, si te conectas y no recibes nada durante x+1 minutos puedes inferir que algo falla. ¿O será que Bill Gates es tan poderoso como algunos creen y ha conseguido acabar con el spam como auguró? ROTFL

Ahora a jugar con la consola y ver qué pasa.

En GNU/Linux me han pasado pocas cosas raras, la verdad. Lo peor me ha pasado con XConfig de Makefile (recuerdo a alumnos y profesores de una facultad de informática en universidad catalana que no mencionaré peleándose con mi Debian hasta que se rindieron; para impartir la conferencia tuve que emplear la copia de seguridad en PDF que llevaba en una llave USB).

En Mac OSX hace años me dio un cuegue con kernel panic que me costó todo un día diagnosticar: fue una fuente corrupta del sistema.

Hoy me ha vuelto a suceder, pero como la experiencia es un grado, lo he pillado a tiempo. Eso sí, JJ me ha sugerido que haga una captura de pantalla porque era de lo más extraño: Este es el aspecto que tiene un Mac (documento de Pages) cuando se corrompe la tipografía de sistema (chungo).

captura de pantalla

Todos en la fiesta del barco, y yo buscando dónde cenar en Málaga. Y no me arrepiento, pues pude probar el Café Restaurante Nouvelle. Altamente recomendable.

Al día siguiente (anoche) otra dura elección, ¿Restaurante Café de París (comida francesa al estilo andaluz), El Chinitas (comida tradicional de calidad, pero sólo por el hecho de que lo mencione García Lorca en un poema ya es interesante) o La Moraga (tapas de autor)? Pues ninguno de los tres. En alguna ocasión me había pasado que una cena se había interpuesto en el camino de una buena conversación, pero curiosamente esta vez pasó al revés. Y en el fondo me alegro ;-)

la manquita

En cualquier caso, volveré pronto y a menudo por estos lares, así que no se quedarán sin probar esos y otros restaurantes. Ahora le digo “hasta muy pronto” a la manquita, que con su efímera luz de amanecer me ha sonreído esta mañana por la ventana de mi hotel (que por cierto cuenta con manzanas en recepción, que siempre vienen bien, y un portátil en la habitación que corre Linux). Desayuno, conferencia, networking y aeropuerto.

PD: En el aeropuerto mucha seguridad, pero luego dejan que todos veamos esto (con la de cosas que se pueden hacer con esa información)

pantalla de error

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