Desde pequeño me ha gustado el deporte. No por su vertiente saludable (que es innegable) ni por el pertenecer a un equipo (que está muy bien). Me ha gustado por la diversión que supone la sana competición.

He practicado muchí­simos deportes, más o menos en serio. De pequeñito probé en los equipos del colegio sin mucha suerte fútbol (como todos los españoles supongo), balonmano, y voleibol. Luego vinieron mis primeras medallas:

[foto] Bronce Atletismo Interescolar 1984

[foto] Mejor Jugador Alevin 1984

[foto] Campeón Natación Interescolar 1985

[foto] Campeón Judo Interescolar 1986

Le cogí­ gusto a esto de las artes marciales, y seguí­ con judo varios años, compaginándolo con lo que serí­a mi deporte favorito: el baloncesto.

Con el baloncesto conseguí­ grandes experiencias, grandes amigos, dotar de algo de agilidad y fuerza a un cuerpo que no habí­a nacido precisamente atlético, y unos cuantos logros deportivos:

[foto] Campeonato Municipal Escolar 1987

Como destacaba en el equipo del colegio, me ficharon en el Pamesa Valencia, categorí­as inferiores. Recuerdo la ilusión que me hizo que alguien estuviese dispuesto a pagar dinero (a mi colegio, no a mí­) por que jugase con ellos. También me alegró saber que mis padres no tendrí­an que seguir pagando la ficha de la Federación, ni los desplazamientos, ni el material…

Con el Pamesa siguieron llegando los triunfos, un poco más fácil, porque teníamos siempre el mejor equipo. Algunos de mis compañeros (como Victor Luengo o Rodilla) han llegado a jugar en la ACB y en la Selección Española durante varios años.

[foto] Medalla Campeonato España Petrer 1988 con el Pamesa Valencia (Cadete).

[foto] Copa Campeonato España Petrer 1988 con el Pamesa Valencia (Cadete).

[foto] Campeonato España Elda 1989, con el Pamesa Valencia (Juvenil).

A finales de 1989 decidí­ irme un año a EEUU para mejorar mi inglés y mi baloncesto. Allí­ descubrí la gran diferencia que hay entre jugar en Europa o jugar en EEUU. Fue durí­simo, pero aprendí­ mucho. Fue otro buen año deportivo:

[foto] Campeones del Distrito (Clase A) de la Michigan High School Athletic Association 1990, con los Waverly Warriors (EEUU).

Por aquel entonces ya habí­a sufrido dos fracturas de muñeca, una en el pie, y media docena de esguinces de tobillo. Además el tremendo esfuerzo fí­sico que exigí­ a mis rodillas (y que serí­a el fin prematuro de mi carrera) empezó a pasarme factura.

En 1990 decidí­ volverme a España, pese a tener ofertas de universidades norteamericanas, ya que no querí­a perder mi hueco en el Pamesa.

[foto] Torneo Amistoso Europeo Grasse (Francia) 1991, con el Pamesa Valencia (Juvenil).

Durante ese año descubrí­ y me enamoré del Ki Aikido (y el A Ki No Michi) gracias al gran sensei Vicente Ribes. Practiqué varios años, compaginándolo con mis entrenamientos de baloncesto. Aun guardo grandes recuerdos de mi sensei Rafael Gandí­a. Aconsejo a todo el mundo que lo pruebe. Aquí­ tenéis más información.

Pero a finales de 1991 no pude resistir la tentación, y acepté una beca de la universidad Kellogg Community College en Michigan, EEUU, para jugar en la NJCAA durante las temporadas 1991-2/1992-93.

Fueron dos años buení­simos en los Bruins. No ganamos ningún campeonato, pese a tener un excelente equipo, ya que competí­amos con jugadores excepcionales (algunos de ellos han militado en la NBA). Durante esos dos años entrené y jugué partidillos con gente como Earvin “Magic” Johnson, o Steve Smith, cuando vení­an a Michigan a visitar a su familia.

Esas dos temporadas terminaron de machacar mis rodillas. Con el nombre de “sí­ndrome de saltador” los médicos describí­an el desgaste progresivo que habí­an ido sufriendo y que me causaba un dolor cada vez mayor. Al final pasé por el quirófano dos veces, de la mano del médico que inventó la artroscopia en Michigan. Tras meses de recuperación (odio la bicicleta estática), creí volver a estar preparado para jugar.

Al finalizar la temporada, en 1993, me volví­ a España, con la firme intención de entrar en un equipo ACB. Mi agente me preparó pruebas en el TAU Cerámica de Vitoria y el F.C.Barcelona, pero yo llevaba al Pamesa en mi corazón, además de ser el equipo de casa, y se lo debí­a todo a ellos, así­ que probé primero con ellos en el torneo ACB de Alcoy, como muestra este artí­culo (ver final de la segunda columna) del diario Las Provincias del 8 de junio de 1993.

Aquí­ está el programa del torneo, del 10 al 13 de junio. Ese 13 de junio de 1993 fue mi último partido de baloncesto, contra el F. C. Barcelona. Después vendrí­an 5 operaciones más de ambas rodillas que acabaron con la ineludible verdad: mi carrera habí­a acabado para siempre. Es más, todos los deportes de impacto (o sea, todos los que no se practiquen en el agua, e incluyendo la moto acuática como tuve ocasión de descubrir) los tení­a prohibídos de por vida.

No he vuelto a jugar, ni he sido capaz de ver un partido ni en televisión. Así es la vida.

Hoy en dí­a intento nadar todo lo a menudo que puedo, y me muero de ganas de que mis hijos empiecen a tener edad de disfrutar del deporte como lo hice yo. Y ni que decir tiene que ni fumo ni bebo ni pienso hacerlo nunca.

Básicamente esto le permite (all rights reversed):

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