[última edición: 13 de enero de 2006]

La sola mención del título de este libro hace que la gente se ponga nerviosa. Mucha gente, muy nerviosa. ¿Por qué?

Es un caso común de condicionamiento conductual. Durante más de trescientos años se nos ha dicho (a los ciudadanos) que no podemos copiar las creaciones intelectuales de otros y que el hecho de hacerlo, especialmente si es con ánimo de lucro, está castigado por la ley.

Pero, ¿POR QUÉ?

Existen muchos libros que explican la evolución de las leyes sobre “propiedad intelectual”. Personalmente recomendaría (para este tema en particular) el excelente libro de Lawrence Lessig Free Culture.

Es obvio que esas leyes se crearon para ofrecer un monopolio artificial y arbitrario para los editores y por ello deberíamos revisarlas (o incluso derogarlas) porque nuestras sociedades “avanzadas” rechazan cualquier interferencia en el modelo de economía de libre mercado y los monopolios se consideran una institución particularmente peligrosa y dañina. Sin embargo, no sólo no lo hacemos, sino que además permitimos que grupos de presión de grandes multinacionales corporativas y políticos ignorantes (o incluso corruptos) añadan a esas leyes disposiciones aún más restrictivas en contra del interés público, el bienestar del mercado, la diversidad e incluso de las libertades civiles.

¿Por qué?

No sólo eso, los cambios de paradigma que conlleva la sociedad digital en red han creado una brecha aún mayor entre el modelo tradicional y los nuevos modelos con los que hacer negocios con la cultura, acceder a ella e incluso crear nuevas obras. Sin embargo, los que están más directamente involucrados se oponen a la mayoría de intentos de ajustarse a la nueva realidad e incluso a hacer aún más dinero gracias a ella.

¿Por qué?

Y mientras tanto los ciudadanos, clientes, votantes, la gente de todo el mundo, contempla en su mayor parte pasivamente cómo sus derechos se erosionan y cómo la posibilidad de acceder a una mayor cantidad de cultura, más diversa y mejor, disminuye y disminuye debido a esas leyes, incluso cuando la tecnología permite todo lo contrario. Es como si una víctima de secuestro, al ser liberada y enseñarle la luz de la puerta abierta moviera la cabeza con incredulidad y decidiera no moverse.

¿Por qué?

Nosotros, todos nosotros, estamos poniendo en peligro el futuro y el destino del conocimiento humano y del avance de la cultura. Es mucho lo que se está poniendo en juego, muchísimo, y no tiene nada, o prácticamente nada, que ver con el dinero. Es nuestro futuro, nuestros valores y nuestra sociedad (con sus libertades y derechos) la que está en riesgo. Pero cuando alguien intenta forzar el debate y presiona a los medios de comunicación, a los políticos, a la industria y a los creadores para que haya un debate constructivo y con sentido, se le reprocha. Desde la negación de apoyo de los colegas al descrédito en la comunidad, pasando por el acoso por parte de los medios de comunicación, amenazas legales e incluso la pérdida de trabajo, como bien sé. He sufrido todo eso y más por expresar mis opiniones claramente sobre este problema. No lo llamaré “debate” porque en estos momentos no existe ningún debate. No cesaré, en cualquier caso, en mi intento de sacar a la opinión pública este tema y hacer que los políticos acepten que tratar estos asuntos de otra manera no sólo es posible sino muy deseable.

No obstante, en vez de escribir un libro que apunte a todos los problemas que estamos sufriendo alrededor de la “propiedad intelectual” y que explique todos esos “porqués”, daré un paso adelante y escribiré algo más sobre el cambio que se necesita realizar:

CÓMO.

[Comentarios aquí]

[Capítulo I]

Básicamente esto le permite (all rights reversed):

Copiar, reproducir, distribuir, mostrar públicamente y modificar mis obras, sin límite (incluyendo el ánimo de lucro sin mi consentimiento), recordando los derechos morales inalienables del autor (o sea que se debe citar al autor -yo-, y no se puede emplear ninguna de mis obras en modo que resulte ofensivo... lo cual es muy subjetivo ;-).

Public Domain Dedication
Esta obra se encuentra en el Dominio Público.

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